lunes, 27 de junio de 2011

Basi Team Nius - Atracón de sensaciones

Este fin de semana ha sido largo y lo hemos aprovechado a tope. Antonio y Sonia se fueron a Cádiz y nos dejaron la casa de Soto.

El Jueves, me levanto a la hora en que las cigüeñas emprenden sus vuelos más vespertinos (7:30) y en menos que canta un gallo estoy subiendo a tope en dirección a la Ermita de San Blas. Me desvío por la trialera que hay tras la residencia opusiana. Recuerdo que tenía un par de "sustos" pero no sé donde, así que  bajo despacio; no voy con nadie que pueda recoger mis cachitos. Se acaba la trialera y sigo entero hacia la presa. Allí tomo la senda, breve, rápida e intensa, que bautizo como Senda de los Terneros por la habitual presencia de infantes vacunos que suelen acompañarnos. Termino bajando a todo gas hasta Soto por la pista, deslizante como nunca a consecuencia de la gran cantidad de grava y arena.


El Sábado madrugo un poco más e inicio la ruta por la misma zona. Esta vez desde San Blas continuo por las rampas más duras hacia las casa del guarda forestal.


Una vez allí dudo si poner rumbo a la Morcuera. "¡Puuuf, que pereza! casi que lo dejo para otro día". Entro en la Hoya de San Blas por el pinar disfrutando como un enano y deleitando la vista a ritmo de tortuga. Al salir del pinar me encuentro con un avituallamiento que señala el km. 30 de algo. Pregunto al paisano de turno y, al loro, se trata del Gran Trail Peñalara: 110 km de carrera de montaña que, saliendo de Navacerrada, pasa por la cumbre de la Maliciosa, la Pedriza, puerto de la Morcuera, Rascafría, puerto del Reventón, cumbre de Peñalara, La Granja, puerto de la Fuenfría, puerto de Navacerrada y Guarramillas para terminar de nuevo en Navacerrada. Escalofriante ¿verdad? al lado de esto, menuda mierda de salidas en MTB. Para despejar la mente repito la bajada de ayer aún mas rápido, con la tranquilidad de recordar la localización de cada pedrusco y con la angustia que me provocó la madre del ternero. Podría ser la madre del cordero pero no: era un ternero de 200 kilos y la madre me miró mal.

El Domingo decido cambiar de aires y explorar nuevas alternativas. Bajo por la cañada al río Mediano y subo al Canto del Berrueco.


En dirección a la entrada a de la Hoya por el río, la pista se divide en dos. Tomando siempre la alternativa a la izquierda, pegados a la valla, sale un sendero de subida trialera ciclable en un ¿80%? (quizá menos) de extraordinaria belleza y de apariencia virginal.


Y digo apariencia porque según avanzo un tímido rumor musical despierta mi curiosidad. Pronto se desvela el misterio. Una panda de vándalos a ritmo de chunda-chunda bailando, o más bien arrastrándose, como zombies. Me he informado; este tipo de quedadas recibe el nombre de "Rave" y son más antiguas que el pecao ... y yo sin saberlo. Atónito, continuo con un descenso rápido por una de esas pistas que permiten encadenar múltiples saltos y, después de cruzar el río a tope para remojar a tres incautos senderistas, me dejo llevar hasta Soto en busca de un desayuno de traca. 

Recorridos cortos pero muy bien aprovechados, alternando pistas, senderos, trialeras y pastilleros. El resto del fin de semana transcurre entre tintos de verano, tapeo, jardinería, bricolaje experimental y paseos que me trasladaron a mi infancia através de matices característicos de la zona: los olores de las arizónicas, del césped recién cortadito, el ambiente piscinero, el frescor de la noche, el bullicio de la plaza, ... Y todo, como diría el tapicero, en la misma puerta de su casa ... Bendita rutina.

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